Locuras caninas bajo señal: ¿impulsividad o temple?

Locuras caninas bajo señal: ¿impulsividad o temple?

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¿Cuántas veces has intentado regar las plantas del jardín mientras tu perro atacaba la manguera? ¿Cómo se comporta tu perro cuando ve una pelota? ¿Qué pasa si un patinete pasa a toda velocidad ante tu perro?

En todos estos casos podemos estar ante un perro que no controla sus impulsos, algo que en realidad es completamente normal a no ser que se entrene de otra forma. La diferencia entre los que responden de forma aparentemente descontrolada en forma de “locura canina” y los que no es la motivación que hay detrás. Hay perros que no tienen ningún interes en en perseguir objetos en movimento, en cazar o en parar elementos que de repente salen disparados. Simplemente, no lo tienen.

Otros perros, en cambio, sí se sienten tremendamente atraídos por estímulos móbiles, rápidos, activos. Su genética les invita a reaccionar, sin pensarlo ni un momento, de forma aparentemente desesperada, descontrolada y muy a menudo molesta para sus compañeros humanos.

Un ejemplo típico de esto es el perro que se lanza contra el agua de la manguera (o la manguera, o la mano que aguanta la manguera). Sólo ver que nos disponemos a regar el perro ya se prepara. Cuando percibe el sonido del agua ya empieza a ponerse nervioso y en salir disparada salta sin control intentando “cazarla” con todos sus dientes al aire.

¿Qué podemos hacer para regular un poco esta conducta?

La pondremos bajo señal o lo que es lo mismo: aprenderemos a comunicarle a nuestro perro cuándo sí puede jugar con la manguera y cuándo debe esperar pacientemente mientras disfrutamos de un momento de tranquilidad cuidando a nuestras plantas.

¿Cómo podemos hacerlo, de forma resumida?

  1. Prepara una correa y ata a tu perro para evitar que su descontrol acabe llevándole a alcanzar una vez más su ansiada agua.
  2. Desglosa la situación en pequeños pasos. Por ejemplo: si tu perro se descontrola sólo al ver cómo agarras la manguera, trabaja sólo ese primer paso.
  3. Entrena el tumbado con tu perro en otro contexto. Cada vez que se tumbe, entrégale un premio. Pasado un tiempo déjale ir. Repite este ejercicio en diversos contextos.
  4. Agrupa lo anterior de manera que te acerques a la menguera con el perro atado y unos premios preparados. Sólo agarra la manguera y prémiale por mantenerse tumbado. Acompáñale con la voz: “muy bien”, “quieto”.
  5. Si se levanta o se descontrola no dejes que llegue a la manguera y sin enfadarte pídele otra vez que se tumbe y se tranquilice.
  6. Una vez superado este punto, intenta abrir el agua a una intensidad baja felicitando y recompensando a tu perro si se mantiene tumbado. Avísale de que vas a pedirle que esté tumbado y quieto, acompáñale verbalmente y, de momento, afianza gracias a los premios.
  7. En este punto, entra en juego un nuevo elemento: poder jugar con la manguera bajo señal. En otra sesión, vuelve a agarrar la manguera tras pedirle un tumbado y que permanezca tranquilo. En este punto podrías encender el agua a una intensidad baja y recompensarle de nuevo. En un momento en el que se mantenga estable podrías decirle algo así como “ahora” y mover un poco la manguera invitándole a jugar con el agua. Déjale jugar un poco y entonces dile “ya está”, “tumba”. De nuevo, volvemos a empezar un período en el que le pediremos que se mantenga estable, tumado, sin levantarse o sobresaltarse. Premiaremos con comida o bien, volveremos a decir “ahora” y jugaremos de nuevo.

Es importante destacar que no todos los perros viven este proceso igual y que no siempre va a ser fácil. Si lo ves muy complicado o tu perro presenta poca tolerancia a la frustración, protección de recursos u otros elementos que te pueden dificultar el proceso deberás pedir ayuda a un profesional. ¡Para eso estamos!

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