Niños y perros

Tolerar no es estar bien

Tolerar no es estar bien

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Muchas familias nos trasladan la duda de “cómo conseguir que su perro tolere lo que los niños de casa le hacen”. La respuesta no suele gustar a la primera pero la cuestión debería ser “cómo conseguir que los niños aprendan a CONVIVIR con un perro” y “cómo conseguir que el perro comprenda que es RESPETADO y escuchado”. Y es que hay que reconocer que los peques que ya empiezan a gatear quieren experimentar con todo lo que encuentran a su paso y los peludos no son una excepción. Para un perro no es nada fácil adaptarse a vivir, conservando su tranquilidad, con pequeños humanos que les lanzan objetos, les intentan tocar de forma brusca, de repente dicen “papapapapapa!” o gatean sin tener en cuenta una distancia mínima. Nuestro deber y el gran reto será enseñarles a ambas especies a convivir sin que siempre tenga que ser el perro quien sale perjudicado.

Para ello deberemos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  • Señales no escuchadas pueden subir de tono

Los niños no comprenden de forma innata las señales que sus compañeros caninos (o felinos) les emiten. No hay consenso sobre a qué edad los niños pueden empezar a comprenderlas. Según mi experiencia, los niños de menos de 3 años suelen creer que el perro está contento cuando enseña los dientes. De echo, los adultos tampoco sabemos interpretar correctamente el lenguaje canino hasta que no nos formamos un poco en el tema y empezamos a descifrar poco a poco las diferentes señales.

En muchas ocasiones en las que hay un accidente entre perros y niños lo que ha podido ocurrir es que las señales de incomodidad, miedo, estrés o ansiedad que se han ido manifestando por parte de los perros no se han tenido en cuenta. Ya sea por no saber, por no tener tiempo de atender a ello, por no querer ver u otras razones, no se ha dado respuesta a lo que el perro estaba comunicando: “necesito espacio”, “llevo demasiado tiempo muy cerca de los peques”, “esto me incomoda”, “este tipo de interacción no me gusta nada”, “aquí no estoy tranquilo”, “me cuesta descansar profundamente si tengo al peque alrededor”, “me enseña comida y luego no me la da”, “este hueso es muy valioso para mí, me va a costar compartirlo”, etc.

Algo frecuente es que si las señales no son escuchadas, si no aprendemos a anticiparnos a situaciones conflictivas y a resolver las que van saliendo, si no entendemos el lenguaje canino y protegemos al perro de algunas situaciones, si no nos implicamos para que nuestro perro aprenda que el peque de la casa puede aportarle cosas positivas y momentos de tranquilidad… los intentos de comunicación pueden ir subiendo en cuanto a intensidad o tipo acabando por ser una amenzada hacia la fuente de estrés: el/la niñ@. Un perro que intenta comunicarse pero no lo logra, a la vez que sus focos de conflicto siguen o empeoran es un perro que puede ser llevado al límite.

  • Tolerar no es estar bien

Es posible que nuestro perro esté tolerando ciertos comportamientos invasivos que los peques llevan a cabo sin tener mala intención (pasarle por encima, abrazarle, acariciarle de forma brusca, darle golpecitos, acercarle la cara de forma rápida, etc.). Debemos ser conscientes de que por mucho que creamos que “lo lleva bien” o “se deja hacer de todo” no es nada bueno que nos relajemos demasiado y dejemos total libertad a los peques para interactuar con el perro, aunque no nos preocupe en absoluto. Siempre deberíamos SUPERVISAR la interacción, ayudar al peque a entender cómo puede interactuar. Acariciar suave, por poco tiempo, dar una golosina, sentarnos tranquilos o jugar sin invadir su espacio pueden ser buenas iniciativas. También es recomendable fomentar la independencia del perro mediante el enriquecimiento ambiental, darle espacio, fomentar las actividades agradables para todos, como dar un paseo o compartir la merienda.

Podemos ayudarles a mejorar su convivencia en el día a día pero sin olvidar nunca que por mucho que el perro esté tolerando momentos incómodos, no podemos estar seguros de que lo hará siempre y en todas las situaciones. Un día de más nervios o la acumulación de estrés pueden hacerle perder la paciencia. Así que, como siempre recomiendo, es mejor prevenir, dinamizar, apoyar al perro y educar al niño/a. Tolerar no es estar bien. Tolerar es aguantar algo que no siempre es cómodo o agradable.

  • El aprendizaje debe ser mútuo

Para los niños es un aprendizaje social muy valioso el saber reconocer cuándo su comportamiento está siendo molesto para otro individuo (sea humano o no). Aprender cuándo acercarse y cuándo dar espacio, estar tranquilos o jugar sin lanzarse encima de los animales de casa, compartir algo que les gusta y respetar cuándo no deben tocar algo es una tarea difícil pero posible.

Poco a poco van a ser capaces de entender que una interacción se acaba, que el otro necesita descansar, que ahora toca jugar en una zona delimitada (de un punto hacia otro) para dejar descansar al perro. También aprenden a compartir lanzando la pelota o entregando premios y descubren el placer de interactuar de forma amable con los demás.

A su vez, los perros (según el caso) pueden ir aprendiendo en qué espacios de la casa estarán más tranquilos, cómo pasarlo bien en presencia de los peques (cuando les incluímos en momentos de juego, piscina, comida o descanso relajado), descubren que ante una posible interacción brusca SIEMPRE está un adulto al lado asegurando que no le hacen daño y dinamizando la relación, compensando un posible error y dando espacio.

  • Respeto hacia el perro

Algo que he visto a menudo es la tendencia a hacer salir al perro de los espacios “a la fuerza” en lugar de dar la opción voluntaria de acceder a una zona de tranquilidad en la que nunca le molestaremos y en la que aparecen a menudo estímulos sabrosos tipo un Kong relleno. Si el perro está en el sofá y creemos que es mejor que baje porque el peque lo está dando todo jugando cerca, le invitaremos amablemente a bajar (y entrenaremos habilidades como “sube” y “baja” de forma amable y paciente) y le recompensaremos por ello o le invitaremos a acceder a otra zona de descanso más tranquila. Deberíamos revisar nuestras creencias a nivel social sobre lo que el perro está obligado a hacer “siempre y porque lo digo yo”. ¿Has pensado cómo son tus interracciones con tu perro? ¿Cuántas de ellas son para darle órdenes? En lugar de ello podríamos empezar a empatizar con él/ella y pensar en lo mucho a lo que deben adaptarse. ¡Pongámoslo fácil!

  • Momentos caninos

Cuando nos convertimos en madre o padre se nos gira mucho trabajo y momentos de todo tipo pero… qué importante es seguir dándole calidad de vida a nuestro perro. Ya sea a través del juego (mordedor, pelota, etc.), del olfato, del enriquecimiento ambiental, de paseos por la naturaleza, etc. Todo lo que podamos invertir, aunque sea poco tiempo seguido o aunque vayamos acompañados (porteo, carrito, etc.). Nos hará sentir mejor, nos quitará culpa (esa sensación de tenerles olvidados en un segundo plano), nos ayudará a que estén más tranquilos en casa, tengan más paciencia y haremos su día a día mucho más ameno.

Continuará…

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